Mujeres

Seres mágicos que pueblan la Tierra. Fuentes de luz inapagables. Manantiales de esperanza y protección. Bálsamos de dulzura. Guerreras, luchadoras, fuertes, sabias, madres, compañeras, hermanas, amigas, hijas. Todo eso y mucho más. Están en todos lados dándolo todo, dando la vida, dando el amor. A veces pasan desapercibidas y sin embargo siempre están ahí.

No sé si te has parado a pensarlo, pero gracias a una mujer estás aquí. Quizá ya lo has olvidado, pero ella compartió su ser contigo durante nueve meses, gratis, sin esperar nada a cambio. Soportó dolor, molestias, nauseas, mareos, y sobre todo el vértigo de saber que a partir de entonces todo cambiaría, que su vida tendría un nuevo centro, que sus noches serían más cortas, sus sueños poco profundos, las preocupaciones se multiplicarían y miedos desconocidos contra los que batallar aparecerían.

Lo sabía. Pero no le importó. Era consciente de que ya no sería solo suya, de que ahora seriáis dos. Y no tanto por ella, sino por ti, que la necesitabas para vivir. Conocía los efectos secundarios o al menos se hacía una idea. Pero prefirió arriesgarlo todo, porque su amor a ti era lo suficientemente grande para valer las penas. Sí, te amaba. Sin que hicieras nada para merecer ese amor. Seguramente, nadie vuelva a amarte de ese modo, por tu simple existencia. Probablemente nadie te amará con esa intensidad y certeza. Pocos te entregarán su vida y nadie más te dará tu vida.

¿Y sabes qué es lo más increíble? Que volvería hacerlo.

Mujeres, que bajo nombres o anonimato sobre todo SON MUJERES.

Seres capaces de amar sin fronteras, de velar sueños tras semanas sin dormir, de ofrecer su hombro cuando ni siquiera saben cómo mantenerse en pie. Almas que no necesitan otras mitades, porque en su propia naturaleza está todo lo que puedas imaginar. Tesoros que cuando se descubren a sí mismos triplican su valor. Almas que no son gemelas de nadie porque son absolutamente únicas, naranjas completas, tan mágicas como reales, PERFECTAMENTE IMPERFECTAS.

Y sin embargo, hay quien no se da cuenta, o quizá sí y sienten miedo.

Un miedo infundado, a lo desconocido, a lo maravilloso, a lo indomable, a lo imposeíble. Temor a la libertad de los poetas, pues pueden transformarlo todo en belleza. Temor a las notas de un pentagrama capaz de poner música a la vida. Temor a que valgan más, a que puedan más, a que lleguen más lejos y te dejen atrás.

Como decía al principio temor a lo desconocido, porque si las conociesen sabrían que su amor prevalece, que si sabes merecerlo será lo más valioso que recibas, después de la vida que te dio una mujer. Si supiesen como funcionan sabrían que no deben temerlas, que es mejor amarlas. No porque necesiten tu amor, más bien porque es la única forma de descubrirlas realmente. Amarlas de verdad, con sinceridad y pureza, como lo hizo el primer ser que te amó.

Resulta imposible comprender, duele saber que muchos no saben amarlas. Que las maten aquellos que un día dijeron ser sus amantes. Repugnante darse cuenta que las prefieren muertas a libres. Inconcebible, estúpido, condenable, inadmisible, un sin sentido, porque la libertad es parte esencial de su esencia, está en ellas. Portadoras de libertad, nacieron con ella y a ti te hicieron libre. No más de lo que ellas son.

Déjalas libres, siempre libres, siempre suyas, nunca tuyas. Disfruta contemplarlas, agradece su compañía, sabiendo que si no estás a la altura tienen derecho de irse, y sabiendo que si te aman y sabes amarlas no hallarás lugar mejor que el de sus brazos.

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