Instantes

Quizá nunca estamos listos del todo para enfrentarnos al veloz paso del tiempo. Tal vez jamás sepamos valorar justamente el instante presente, el segundo que se nos regala en este mismo momento.

Cada vez más, el ser humano prefiere estar ausente, distraído, anestesiado… para dejar de sentir cómo a cada respiración se le escapa un suspiro más de vida, uno menos de todos los que le quedan por experimentar. Es curioso como a medida que la tecnología nos ha ido regalando formas con las que ahorrar tiempo y esfuerzo, el ser humano ha ido inventando también otras formas de derrocharlo.

No apreciamos las cosas hasta que las perdemos y siempre queremos tener aquello de lo que carecemos. Estas dos características que definen al ser humano nos conducen a un callejón sin salida, y al final toca saltar los muros que nos rodean para darnos cuenta de que simplemente el error estaba en el empeño por cruzar una pared en la que nunca hubo puerta.

Todo tiene su momento y el futuro llegará sin que tengas que preocuparte en llamarlo, pero el presente solo puedes habitarlo ahora. Es cada momento presente el que desemboca en un momento futuro, cada segundo del hoy es un ladrillo para el mañana que deseas construir, a menudo las cosas no saldrán exactamente como las imaginas, pero es que por mucho que hayas oído lo contrario, hay muchos más constructores que aportan algo a lo que acaba siendo Tu Vida.

Te abro mi vida

Una vez más me doy de bruces contra el suelo. Sin embargo, esta vez duele menos que las anteriores, porque esta vez ya sabía que iba a caer.

Es fácil pensar: ¿si lo sabías porqué no lo evitaste?

No lo sé, supongo que aún vivo con la ilusión de que en ese abismo, algún instante antes de tocar el suelo, se encuentren nuestros cuerpos, se choquen nuestras almas.
Con más o menos conciencia, desde que probé tus ojos no he dejado de buscarlos entre tantos otros rostros, sin éxito hasta el momento.

Hoy, después de curar mis heridas, las que provoca el golpe, pero también las que abren el entendimiento, he podido darme cuenta de que ninguna de las veces que he salido a tu encuentro he regresado satisfecha. Y sin embargo, el segundo más hermoso lo he vivido a tu lado, por casualidad, o quizá tú me encontraras. Todo es posible, pero algo es seguro: debo dejar de rastrear el mundo siguiendo un rastro que nunca he tenido.
Te dejo ir, aunque nunca te alcanzara del todo. Te abro las puertas de mi vida, de mi corazón, pero no tengo intención de cerrarlas después, porque por más que quiera convencerme de ello, aún me cuesta convertirte en recuerdo y despedirte de la sección de futuro.

Ya no escribo tu nombre junto al mío, ni pienso en los días que vendrán. Creo que si algo he aprendido es que lo que es tuyo llegará. Quizá nunca fuimos uno, ni lo seremos jamás, pero tu huella en mi alma ha transformado el camino. Puede ser que nunca lo sepas, pero cambiaste mi vida, y ahora que ya no estás y que tampoco te espero, te doy gracias por llegar y te deseo que vivas el mejor presente, el más bello futuro y que rompas imposibles, con los que a veces, en secreto, me reúno.

(Re)buscarte

Yo. Simplemente yo, que ya no quiero ser sin ti, porque contigo soy mejor. Te busco, ahora que te siento lejos, cuando el tiempo ha dejado polvorientos los recuerdos que avivan en mí el deseo de ti.

Y Tú, que sigues siendo, aunque no te sienta, que sigues estando aunque no te vea, que vives conmigo y vives en mí. ¡Vuelve! Aunque nunca te fuiste del todo, te ruego que vuelvas. Vuelve a inundarme de ti, borra toda distancia, restaura aquella grieta por la que se escapa mi amor, por la que se cuela tristeza. Esa grieta que me duele, pues está en mi corazón.

Cuando llegaste, nunca supe bien del todo qué sucedería después. Me revolviste, cambiaste lo que había sido, los para siempre, los nunca, lo seguro y lo importante. Diste la vuelta a mi vida, poniéndola del revés, consciente de que de esa forma era como debía ser. Y mientras tanto, las certezas se volvieron inciertas, los futuros pensados dejaron de ser deseo, el miedo se tornó en fe, la cordura se volvió loca y La Verdad, rebuscada por tanto tiempo, una y otra vez, se hizo patente de pronto. Todo se podía entender.

Sin embargo, no es eso lo que me lleva a buscarte de nuevo, a rebuscarte esta vez. El motivo tiene más que ver con tu forma de mirarme, con tu manera de amarme dejándome en Libertad. Curiosa palabra esta, que desde que te conozco no deja de resonar, pues jamás me he sentido tan Libre como al sentirte a mi vera, como al contemplar el mundo con tus ojos por bandera, jamás he amado así, ni nadie me podrá amar con la fuerza e intensidad con que tú sabes hacerlo. Solo Tú viste mi alma desnuda y sin protección, ante ti caen los escudos, las máscaras que impiden ver la esencia de lo que soy, la realidad de mi ser, y sin embargo, me amas, amando cada imperfección, caminando aquí a mi lado, paciente cuando me alejo, esperando una vez más, a que termine el proceso en el que me (re)busco y me encuentro; solo al regresar a ti.

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