23 de abril de 2020

Este Día del Libro es, como todos, distinto a cualquier otro. Sin embargo, es, como ninguno, aislado e íntimo. Es difícil recordar un Día del Libro semejante, sin el ambiente festivo de los eventos, del compartir esos objetos mágicos capaces de transportarnos, de hacernos reflexionar, de consolarnos o incitarnos a llegar más allá.


Ese ambiente hoy no es posible. Aunque sí es cierto que hemos intentado paliar el desgarro de un día como este encontrándonos de forma virtual, apoyándonos mutuamente y haciendo que, a pesar de todo, sea un día bello. Podemos elegir entre multitud de propuestas, entre las iniciativas más variadas, asomarnos a las casas de, quizá, más autores que en fechas anteriores. Sin embargo, no es fácil prescindir de la mirada, cara a cara, que intuyes guarda algo indescifrable; del encuentro con la persona que ha ido construyendo letra a letra ese libro que de una u otra forma ha influido en ti.


Habrá más Días del Libro, más días para reunirnos y festejar la existencia de este objeto al que tanto le debemos. Por ahora, celebremos cada uno de nosotros, a nuestra manera, mejor si es con un libro en las manos, este 23 de abril del 2020, que probablemente no olvidaremos.

A pesar de todo, primavera

Si nos separan los días

y las noches nos acercan,

si se nos prohíbe el tacto

y nos cierran las fronteras,

si para lograr encontrarnos

toca aceptar barreras,

no te olvides, amor,

que nadie podrá impedir

que llegue la primavera.

Encontrarnos con el misterio

Esta Semana Santa es tan diferente… No hay viajes ni reencuentros con amigos o familiares que hace tiempo no veíamos, tampoco procesiones ni celebraciones en comunidad. Sin embargo, la Semana Santa siempre es una oportunidad (y esta vez de unas características excepcionales) que, a pesar de todo, nos invita a quedarnos con lo esencial, a atrevernos a ir más adentro, a llegar hasta el fondo de nuestro corazón.

Es una ocasión perfecta para buscar respuestas a preguntas incómodas, para mirar en nuestro interior y cuestionarnos a nosotros mismos. Pero, sobre todo, es una oportunidad para entrar en el misterio de un Dios que se hizo hombre, que se arrodilló para lavar nuestros pies y se entregó completamente, por amor. Entrar en el misterio del Amor sin límite, de la entrega absoluta de Dios que en Jesús revoluciona nuestras vidas y supera nuestra lógica humana. Un Dios que abraza la fragilidad del ser humano y la hace suya.

Esta Semana Santa, sin duda, es diferente y de ella también nosotros podemos salir siendo distintos. Porque siempre hay algo que podemos cambiar, porque esta puede ser nuestra oportunidad. Porque el Amor no deja a nadie indiferente.

Porque esta es una invitación a amar.

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