Cierra los ojos

Hay lugares que se quedan con una parte de las personas que los habitaron, o personas que se llevan consigo parte de ese lugar. No estoy segura. Solo sé que cuando vuelves a ellos puedes sentir a la vez la presencia y el vacío, puedes tener la cálida sensación de haber vuelto a casa y, al mismo tiempo, constatar que hay un hueco frío, imposible de tapar. Un hueco que no estaba antes, con el que debes aprender a vivir.

Puedes mirar esa calle y viajar en el tiempo. Recordar con todo detalle —aunque tengas mala memoria— la forma en la que sonreían, su mirada que parecía saberlo todo de ti, pero no incomodaba, sino que era hogar. Eras tú, con ellos, más tú que nunca. Y ahora la única forma de romper la distancia es cerrar los ojos. Al hacerlo, puedes escuchar su voz, su forma dulce de llamarte, su manera única de hacerte sentir que todo estaba bien, que lo lograrías, que estarían ahí para celebrarlo contigo. Y tú tenías tenías la certeza de que sería así o, de lo contrario, siempre podrías apoyarte en ellos y levantarte de nuevo.

Aún hoy, si cierro mis ojos, puedo asomarme al universo que contenían los suyos, su brillo, su mar, su vida entera llena de rincones a los que no llegué, de batallas en las que no estuve y de otras en las que sí. Puedo ver esas puertas que estuvieron siempre abiertas para mí. Cierro los ojos y siguen aquí.

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